Columna: La irrupción de nuevas ciencias en la administración

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Por: Guido Asencio Gallardo

Académico ITR Universidad de Los Lagos.

Los avances científicos y tecnológicos que hoy en día ocurren en el mundo obligan a repensar el establecimiento de cualquier disciplina.  El caso de las ciencias administrativas no son la excepción, viniendo de las ciencias sociales, éstas buscan adaptar sus supuestos desde las teorías clásicas, basadas principalmente en procesos, rentabilidades y, en general, aspectos donde predomina la lógica y la racionalidad como argumento para la toma de decisiones.  Sin embargo, lo que hoy se requiere de las organizaciones es evolucionar hacia el reconocimiento de sistemas abiertos, con una lógica polivalente, donde existan varios escenarios que puedan dar cuenta de cuál es el rumbo que se quiere elegir para avanzar y sincronizar sus decisiones hacia la llamada postmodernidad.

Para introducirnos en la llamada nueva ciencia, es preciso saber que esto implica conocer tres teorías básicas, de la Complejidad (Morin), del Caos (Lorenz,Priogine Stacey) y de Sistemas Vivos (Luhmann, Maturana y Varela), las cuales se encuentran interrelacionadas entre sí, buscando revolucionar la forma de tomar decisiones, potenciando maneras de enfrentar las posibilidades que surgen en el mundo empresarial, el cual necesita de ideas disruptivas, centradas en el reconocimiento de interacciones virtuosas entre las personas que conforman las organizaciones.

Estas tres teorías se basan en descubrimientos relacionados con la biología, la teoría del caos y la física cuántica, las cuales están cambiando nuestra forma de cómo funcionan las organizaciones descrita en The New Science Management (Margaret. J. Wheatley), descubriendo un mundo donde el caos es natural y el orden existe “de forma gratuita”, mostrando intrincadas redes de cooperación que nos conectan, asegurando que la vida busca el orden, pero usa el desorden para llegar a este punto, un ejemplo de ello está dado con el surgimiento de la innovación y el emprendimiento, estos surgen cuando nos encontramos generalmente en período de crisis, es decir, cuando las necesidades son tan imperiosas que debemos inventar algo para subsistir.

Aplicar la nueva ciencia a las organizaciones y, en particular, en las ciencias administrativas, describe cómo se altera radicalmente nuestra comprensión de los acontecimientos cotidianos de la vida, aprendiendo que el trabajo en conjunto resulta primordial para enfrentar los nuevos tiempos.  Esto nos enseña a movernos con mayor certeza, considerando un entorno donde la única constante es el cambio.

En la actualidad, la especialización en buscar mejoras laborales ha movido los cimientos sobre los cuales se estructuran las relaciones de trabajo, dando lugar a cambios paradigmáticos, le lo cual, según los más optimistas los consideran positivos, al mismo tiempo que el trabajador está en un continuo aprendizaje, incrementa su calificación, su contribución al proceso productivo, sus expectativas de crecimiento, su relación con los demás, toda vez que su participación es más efectiva por la conformación de equipos de trabajo, que toman como un continuum la forma de aportar en el lugar en que se desarrollan, generando un compromiso intrínseco con su propio territorio.

La Teoría de la Complejidad concebida por Edgar Morín, se explica como un tejido de eventos, de acciones, interrelaciones, retroacciones y determinaciones, constituyendo a nuestro mundo fenoménico. También esta teoría, dentro de la mecánica estadística, se preocupa del estudio de los atractores asociados a sus dinámicas  y de la innovación, de la auto organización, del aprendizaje, de la adaptación, de los sistemas disipados, relevando la condición del cosmos, como un principio cuántico (todo interactúa con todo) integrando en una realidad única, es demasiado rico y variado como para ser entendido por rutas lineales simples, que no conducen ni a novedades ni a asombros.

Edgar Morín es el impulsor del “nuevo paradigma de la complejidad”, su pensamiento conduce a un modo de construcción que aborda el conocimiento como un proceso que a la vez, biológico, cerebral, espiritual, lógico, lingüístico, cultural, social e histórico, se atreve a ir más allá de la tradicional epistemología, la cual asume el conocimiento solo desde el punto de vista cognitivo.

En la Teoría del Caos (Edward Lorenz), existen dos aspectos fundamentales, uno es el efecto mariposa y el otro el efecto de la interrelación entre los sistemas.  Lorenz, fue un meteorólogo, físico y matemático, quien descubrió que un redondeo puede resultar en un modelo predictivo del tiempo, concluyendo que, dadas las condiciones iniciales de un determinado sistema, la más mínima variación de ellas, puede provocar que el sistema evolucione en formas diferentes.  Aplicado a las organizaciones, podemos ver que el efecto en la toma de decisiones una mínima variación de la normalidad puede generar cambios inesperados en los resultados, repercutiendo al interior de ellas, pero al mismo tiempo al entorno que la rodea.

En el caso de la Teoría de Sistemas Vivos, existen tres precursores, Luhmann, Maturana y Varela (estos dos últimos chilenos), quienes señalan que los organismos son sistemas “abiertos”, ellos mantienen un permanente cambio de energía con su entorno, son sistemas con capacidad de adaptación, donde los fenómenos de emergencia subyacen a la capacidad de aprendizaje, a la autoorganización, aprovechando su potencial para defenderse, innovar y transformarse.

La principal enseñanza de los sistemas vivos en las organizaciones, se encuentra en la valoración que tiene el espíritu de colaboración en los componentes que conforman una misma estructura, en los cuerpos biológicos, esto funciona de manera natural, en el caso de las organizaciones, pocas veces funciona de esa manera.  Sin embargo, si se fomenta el trabajo en equipo con altos grados de colaboración y no competencia, se podría llegar a la magia que demuestran los organismos biológicos.

En definitiva estas tres teorías planteadas, ayudan a las organizaciones a tener una mirada paradigmáticamente distinta a la clásica- en tanto moderna- descubriendo su capacidad de aprendizaje dinámico, permitiendo expandir de manera exponencial sus posibilidades de crecimiento y desarrollo. No basta con adaptarse y sobrevivir, sino sobre todo desarrollar la capacidad de crear e influir positivamente en el  entorno.  Parafraseando al autor Peter Senge (1990), la construcción de una organización con auténtica capacidad de aprendizaje y creatividad se basa en el desarrollo de al menos cinco disciplinas: dominio personal, trabajo en equipo, visión compartida, modelos mentales y pensamiento sistémico.

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